Cuentos
¡Elígeme! ¡Elígeme!
gritaba el conejillo ansioso,
sin conocimiento del mundo tumultuoso.
¡Elígeme!
Le gritó a la liebre,
le gritó al lobo,
le gritó al corazón mudo.
¡Elígeme!
Gritó, persiguiendo a la liebre
que nunca se detuvo a mirarlo,
que no iba a esperarlo,
que no iba a llevarlo,
por lento, bobo o estorbo.
¡Elígeme!
Gritó al lobo,
que, aunque saciado, lo mordió
y terminó asqueado:
demasiada pureza lo dejaba mareado,
demasiada inocencia en las pupilas
lo dejaba aterrado.
Elígeme…
Le murmuró al cazador,
que, con rifle sin balas, lo miraba
ahí, perdido,
sin mediador a su dolor,
llorando por algo de amor.
Elígeme…
Suplicó al cazador,
desesperado por una emoción,
por un algo,
aunque fuera error.
El cazador no lo eligió;
¿será por pena, por exiliado,
o por asco?
Pues no comería algo ya probado.
Elígeme a mí.
Agonizó a la tierra,
agonizó a la luna,
viviendo para siempre en duda alguna
de un amor verdadero
o de ayuda.
Agonizó a los árboles,
agonizó al sol:
sácame esto que siento,
que en podredumbre estoy.
Pobre conejillo,
se murió por amor.
-Alex Nuñez-


Si, todos hemos sido ese conejillo dispuesto a todo por un gesto que simplemente nos hiciera sentir que no eramos invisibles al mundo . Que maravillosa manera de expresar la soledad inmensa que sentimos.